1. Paseo del Salón

Taller de planetología inclusiva

Granada

29/09/2023 10:00

Taller
Astronomía
Plazo de reservas cerrado

Dos sesiones:- 10.00 y 10.45 horas.

¿Os apetece tocar y ver con vuestras manos el cielo?

Disponemos de maquetas en relieve, y gracias a la tecnología 3D pasearemos por el cielo de verano y de invierno, tocaremos planetas y asteroides, y pasaremos la mano por una galaxia espiral. Todo ello de la mano del astrónomo, especialista en ciencia inclusiva, Enrique Pérez Montero.

La mayoría de las veces somos iniciados en el mundo de la astronomía a través de aquellos cuerpos que son más cercanos y brillantes que pueden ser observados en el cielo, es decir, los cuerpos del Sistema Solar. De hecho, para la mayoría de la población todo aquello que se extiende más allá de los límites del ámbito de la influencia del Sol, es decir, el resto de las estrellas y las galaxias, pertenecen ya a una escala de difícil comprensión y, aún más, durante muchos siglos se ha tenido la ilusión de que todo el Universo pertenecía a ese mismo ámbito, no mucho más allá de los límites de la influencia de nuestro Sol.

Sin embargo, hoy día somos más conscientes del lugar poco privilegiado de nuestro Sol en el Universo y, aún más, en los últimos 70 años, más o menos desde los albores de la carrera espacial, nuestra comprensión de los otros cuerpos del Sistema Solar ha experimentado un incremento considerable, durante el cual se ha pasado de una noción en la que se pensaba que la mayoría de los planetas podrían albergar vida y tener hábitats básicamente iguales a los que vemos en nuestro propio planeta, la Tierra, a una cada vez mayor comprensión de las características únicas que, al menos en nuestro Sistema Solar, hacen de nuestro hogar un lugar excepcional que ha permitido la aparición, desarrollo y permanencia de la vida en él durante enormes lapsos de tiempo.

De todas formas, se está muy lejos de demostrar que esto sea realmente así, pues desconocemos casi todo acerca de las condiciones básicas en que la vida puede producirse y, de hecho, muchas de las misiones espaciales que están planeadas para las próximas décadas tienen como objetivo principal confirmar o desmentir la presencia de vida microscópica o macroscópica en el subsuelo de Marte o los océanos de agua líquida que hay bajo la superficie helada de Europa, en la órbita de Júpiter, o de Encelado, en la de Saturno. Lo que sí sabemos, es que la exuberancia que muestra la vida en la Tierra está muy por delante de lo que ha podido producirse en estos mundos lejanos y helados. Por supuesto, también sigue muy abierta la posibilidad de que las mismas condiciones favorables para un desarrollo tan alto de la vida, hasta el punto de modificar las condiciones planetarias, se puedan producir e incluso sean muy comunes en planetas que orbitan alrededor de otras estrellas más lejanas. En todo caso, aunque el número de planetas extrasolares detectados está aumentando considerablemente, aún estamos en una fase de nuestro desarrollo tecnológico que no nos permite analizar en detalle estos planetas tan lejanos como para saber si son capaces de albergar vida, aunque la planificación de misiones de observación y, por qué no, de exploración de los mismos en un futuro medio o lejano, abre una posibilidad excitante para encontrar alguno que sea parecido al nuestro en ese aspecto.

Hasta entonces, no tenemos más remedio que seguir pensando en nuestro planeta como algo único y excepcional, un sitio en que las condiciones han sido favorables para permitir que nosotros estemos aquí haciéndonos preguntas pero, ¿qué circunstancias son las que han llevado a nuestro modesto mundo a ser tan apropiado para albergar tal cantidad y variedad de entes biológicos?

Una de las propiedades que se toma más en consideración a la hora de definir la habitabilidad de un planeta es la presencia de agua líquida, la cual, al menos según se desprende de lo que sabemos de la vida en nuestro planeta a falta de cotejar otras posibilidades, sabemos que tiene una relación directa con la aparición y mantenimiento de la vida. Es por ello que en los nuevos sistemas planetarios alejados de nuestro Sistema Solar que no paran de ser descubiertos se define una zona de habitabilidad, que es la que se supone que es la distancia ideal a la cual debe estar un planeta de su estrella para que pueda tener agua líquida. A esta zona también se le denomina a veces como «ricitos de oro», en alusión al popular cuento infantil en que una niña encontraba una casa aparentemente abandonada y en la que siempre elegía el tamaño mediano de la cama o los platos para comer, sin saber que estaba habitada por una familia de osos. En este caso, la zona de habitabilidad requiere que el planeta no sea ni demasiado frío ni demasiado caliente. Esta distancia depende de muchos factores, pero suponiendo que se trate de un planeta parecido a la Tierra, los límites de esta distancia dependen fundamentalmente del brillo y la actividad de la estrella alrededor de la cual el planeta esté orbitando. Así, por ejemplo, en el caso de estrellas más débiles y frías que nuestro Sol, como son las enanas rojas de tipo K o M, esa zona se encuentra mucho más cerca que en el caso de nuestro Sol. Por eso, en nuestra estrella vecina, Proxima, a 4,3 años-luz de distancia de nosotros, el planeta Proxima b, de un tamaño ligeramente superior a la Tierra, está en la zona de habitabilidad de dicha estrella, a pesar de estar más cerca de la misma que Mercurio del Sol.

Por tanto, vemos que una de las propiedades que determinan con mayor fuerza que un planeta sea habitable o no es el flujo de radiación y de otras partículas que vienen de la misma, los llamados vientos solares. Estos vientos, compuestos por haces de plasma, mayormente partículas cargadas como protones y electrones, no dejan de condicionar la habitabilidad del resto de cuerpos que giran alrededor de la estrella central. No hay más que ver la configuración de los distintos planetas del Sistema Solar para darse cuenta de este hecho. Los planetas interiores, también llamados rocosos o telúricos, tienen una naturaleza más sólida, mientras que los gigantes gaseosos ocupan todos posiciones más alejadas al Sol. Ello es consecuencia directa de la acción de los vientos solares, que moldearon y arrastraron hacia las partes más externas del Sistema Solar a los elementos más ligeros, incluyendo el hidrógeno y el helio, en las etapas primitivas de la formación de los planetas. Además, como los más alejados se formaron más rápido por aglomeración de las nubes de gas, compuestas principalmente por estos elementos ligeros, al viento solar le fue luego mucho más difícil arrastrar esos mismos elementos más lejos del centro del Sistema Solar. Por el contrario, en la zona más interna, los planetas se formaron solo a partir de las colisiones sucesivas de cuerpos más pequeños denominados planetesimales compuestos de los elementos pesados que no fueron arrastrados, y que fueron forjando poco a poco sus tamaños y sus distancias, hasta lo que nos encontramos hoy día.

A pesar de todo, no parece que el que un planeta rocoso esté dentro de la zona de habitabilidad de una estrella garantice la presencia de agua líquida en él. En el caso de nuestro Sistema Solar tanto la Tierra como Marte están dentro de esa zona y Venus, aunque no lo está por poco, sí que lo ha estado durante la mayor parte de la vida del Sistema Solar. No es que cada vez esté más cerca del Sol, sino que éste no para de aumentar su luminosidad en la parte visible e infrarroja del espectro en un periodo lento pero inexorable a causa de su propia evolución. Entonces, hay que mirar otras características adicionales que son las responsables de que pueda haber agua líquida además de la distancia a una estrella.

https://astroaccesible.iaa.es/content/planetologia-accesible 

Participan:

Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC)

Financiación:

La actividad inclusiva «Taller de planetología accesible» tiene como fin divulgar las propiedades de los cuerpos rocosos del Sistema Solar y que han conducido a la presencia de vida, hasta donde sabemos, sólo en nuestro planeta. Para ello usa materiales inclusivos que incluyen audiodescripciones, sonificaciones o maquetas, como las que se pueden encontrar como parte del proyecto «A Touch of the Universe«, de la Universidad de Valencia.



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