3. Rectorado de la Universidad de Málaga

¿Cómo pedirle a la divinidad que haga florecer la tierra?

Misiones Horizonte Europa

Málaga

29/09/2023 19:30

Microencuentro
Historia, Arte
Acceso libre

Para combatir la sequía extrema del último invierno, agricultores, autoridades y vecinos cofrades del pueblo malagueño de Alhaurín de la Torre decidieron procesionar el pasado 9 de octubre la imagen del santo Francisco de Paula pidiendo su intermediación para atraer las ansiadas precipitaciones. Junto a las medidas de carácter estrictamente técnico como la utilización de las plantas desaladoras, hemos sido participes del despliegue de dispositivos de orden simbólico para lidiar con los efectos de una meteorología adversa. 

La preocupación por el éxito de las cosechas es un elemento que está presente en todas las sociedades y en todos los tiempos. Sin embargo, las vías escogidas para lidiar con ello son construcciones culturalmente determinadas: cada sociedad enfrenta y gestiona este riesgo de acuerdo a sus dinámicas sociales y locales. No resulta extraño que en un mundo fundamentalmente agrícola como el de la antigüedad romana esta inquietud jugase un papel fundamental en el calendario. El dios de la roya, Robigo, era honrado el 23 y 24 de abril para que se mantuviera alejado de las plantaciones. Festividades anuales como la Robigalia, la Ambarvalia o la Cerialia estuvieron orientadas a lograr la prosperidad de los campos, bien invocando su fertilidad, bien procurando alejar a los agentes amenazantes. En el templo de Marte situado en la capital imperial, la llamada “Piedra de los Manes” era utilizada en la ceremonia del Aquaelicium para pedir agua en tiempos de sequía, y en el siglo II de nuestra era, el emperador Marco Aurelio recuerda en sus “Meditaciones” un himno griego a la lluvia: “Llueve, llueve, amado Zeus, en los labrados y llanuras de los atenienses”. 

Con la llegada del cristianismo, es evidente que el riesgo agrícola no desapareció, pero sí fue necesario dotarse de nuevos instrumentos que fueran en sintonía con la nueva religio. Así, en el siglo IV d.C, el obispo francés Mamerto de Vienne instituirá las litanías menores, una ceremonia de tres días de penitencia colectiva (cantos de salmos, rezos, abstinencia sexual y laboral etc.) acompañados de procesiones de la virgen o de los santos para atraer la lluvia: cortejos que nos recuerdan ligeramente a la procesión alhaurina. 

Por su parte, el obispo Gregorio de Tours recuerda en el siglo V d.C. la utilidad de rociar con cera de la iglesia de San Martín las tierras de labranza y las copas de los árboles para que las tempestades pasaran de largo y no dañaran los frutos. Un siglo más tarde, Gregorio Magno menciona la costumbre de procesionar la túnica de un monje por los campos de un pueblo italiano cada vez que “una larga sequía angostaba la tierra con un calor abrasador”.  

El grupo de investigación DINORAMA pretende sacar a relucir el dinamismo que caracterizó el mundo religioso postromano. Aunque las estrategias para combatir los riesgos percibidos se crean y modifican para adecuarse a los elementos definitorios de la sociedad que les da sentido, la incertidumbre ante una climatología desfavorable ha permanecido como una preocupación inmutable. Esta tiene su reflejo en un comportamiento colectivo como es la búsqueda, no siempre exitosa, de soluciones para garantizar el sustento agrícola. 

Grupo/Departamento de investigación:

DINORAMA/Departamento de Ciencias Históricas 


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